La Quinta de la Fuente del Berro es un pequeño tesoro de Madrid que no goza de la popularidad de otros grandes parques, pero que su visita recompensa con creces a quien la realiza. Recorrerla es pasear por un magnífico jardín con importantes especies de árboles y vegetación: por momentos tiene uno la sensación de estar muy alejado de una gran urbe, dada la paz y tranquilidad que allí se respira. La Quinta de la Fuente del Berro es hoy el lugar que elegimos para nuestra sección Rincones de Madrid, que habíamos inaugurado dando una vuelta por Ópera.
UN JARDÍN HISTÓRICO
Construida en el S. XVII, la Quinta de la Fuente del Berro es uno de los jardines históricos de la capital. La finca tiene una extensión superior a 13 hectáreas y se puede acceder a ella a través de 6 puertas diferentes. Está delimitada por la calle Enrique D´Almonte, la avenida Sainz de Baranda y la M-30, y echa por tierra la idea de que en una gran ciudad no pueden encontrarse rincones tranquilos, con encanto y donde se pueda respirar aire puro.
Tras regentar diferente dueños y tener diferentes dependencias (en 1900 la finca llegó a contar con un velódromo y hasta con una montaña rusa), es en 1948 cuando la compra el Ayuntamiento de Madrid y empieza a acondicionarla como jardín. Fue en 1954 cuando la Quinta empezó a recibir visitas y a funcionar oficialmente como parque municipal.
ESTANQUES, UNA CASCADA, UN PALACETE… Y PAVOS REALES
Quien se acerque a la Quinta de la Fuente del Berro encontrará un maravilloso parque de estilo paisajista donde podrá pasear entre una importante variedad de árboles y rincones de carácter neoclásico, con sus escaleras de piedra y esculturas.
En su interior destaca una bella fuente con un gran jarrón, dos estanques con patos, una bonita cascada y los restos de un antiguo palacete, además de las estatuas dedicadas a Pushkin y Bécquer. Ah, y un detalle que nos encanta: si paseas cerca del antiguo palacete te encontrarás con pavos reales, que suelen descansar por aquellas inmediaciones.
EL AGUA DE LA REALEZA
Años atrás existía la creencia de que las aguas de la Quinta de la Fuente del Berro tenían propiedades curativas e incluso afrodisíacas, por lo que estaban muy demandadas entre la realeza, que enviaban aguadores para recoger allí el agua y llevarla a Palacio. Posteriormente este agua se servía en banquetes y fiestas reales, y se dice que muchos preferían su consumo al del vino, tal era la fama que tenía. Este agua fue mencionada en zarzuelas, sainetes y obras literarias, como Fortunata y Jacinta, de Benito Pérez Galdós.
Fotografías 01 y 04: Docteur Cristophe
Fotografía 02: Tree Species
Fotografía 03: Cillas
Fotografía 05: Elena Cabrera











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