La calle Goya ha crecido en la ciudad de Madrid con el paso de los años, convirtiéndose en una de las vías más emblemáticas de la capital. Y es que, además de ser una de las arterias comerciales más importantes de Madrid, en la calle Goya confluyen la historia, la arquitectura y el ritmo trepidante de la capital. Quien pasea por la calle Goya puede disfrutar de sus escaparates, sus cafeterías o el constante ir y venir de vecinos y paseantes, pero además de esa imagen moderna existe una evolución fascinante de esta importante arteria de la ciudad. La calle Goya bien podría tomarse como reflejo de la transformación que se ha producido en Madrid a lo largo de las décadas.

Su historia comienza en el marco del gran crecimiento urbanístico que experimentó Madrid durante la segunda mitad del siglo XIX. La expansión de la ciudad hacia el este, impulsada por el Plan de Ensanche diseñado por Carlos María de Castro, dio lugar a nuevos barrios pensados para una capital que no dejaba de crecer. En ese contexto nació la calle Goya, bautizada en honor al célebre pintor Francisco de Goya, una de las figuras más importantes de la historia del arte español. Un aspecto destacado de la calle es que con el paso del tiempo fue consolidándose como una conexión estratégica en el barrio de Salamanca y supo transformarse al mismo ritmo que lo hacía Madrid. Hoy volvemos a nuestra sección Un Paseo por el Pasado después de que recordáramos cómo era la calle Serrano hace década; es el turno de retroceder en el tiempo con otra calle histórica de Madrid, la calle Goya. ¿Vienes con nosotros?

UNA CALLE EN CONSTANTE EVOLUCIÓN
Desde sus primeros años la calle Goya fue concebida como una vía importante del nuevo barrio de Salamanca, una zona pensada para convertirse en uno de los espacios residenciales más elegantes de la capital, pero si hay algo que define a esta calle es su capacidad para reinventarse. Es una calle que nunca ha dejado de evolucionar; a lo largo del siglo XX vivió el crecimiento económico, los cambios sociales y la modernización de Madrid: los antiguos comercios familiares fueron compartiendo espacio con grandes firmas nacionales e internacionales, mientras nuevos servicios y negocios encontraban en ella un lugar privilegiado para establecerse.

De esta forma, los primeros edificios residenciales convivieron con pequeños comercios, despachos profesionales y espacios dedicados a la vida cotidiana de los madrileños. Con los años, la actividad comercial fue ganando protagonismo, lo cual convirtió a la calle en uno de los ejes más dinámicos de la ciudad. Sin embargo, a pesar de esa constante evolución todavía hoy es posible levantar la vista y descubrir elegantes fachadas, portales históricos y detalles arquitectónicos que recuerdan el origen de un lugar que ha sido testigo de más de un siglo de historia. Respecto al estilo de vida en la calle Goya, también ha cambiado: hoy es habitual ver terrazas llenas, oficinas que conviven con viviendas de alto nivel, centros educativos, servicios y una intensa actividad cultural y gastronómica.

PARTE ESENCIAL DEL RELATO DE MADRID
La llegada del metro, la mejora de las conexiones urbanas y la adaptación constante de la movilidad reforzaron el papel de la calle hasta situarla como uno de los principales ejes del distrito de Salamanca. Lo interesante es que mientras algunas calles cambian radicalmente con el paso de los años, Goya ha conseguido mantener un inusual equilibrio: conserva el carácter elegante que siempre ha identificado al barrio de Salamanca, pero al mismo tiempo ofrece una imagen dinámica y plenamente adaptada a las necesidades de una gran ciudad del siglo XXI. Quizá esa sea la razón por la que sigue despertando tanto interés; no es únicamente una calle comercial ni una dirección prestigiosa: es una calle que resume la capacidad de Madrid para crecer, adaptarse y conservar su memoria. Cada edificio, cada comercio y cada rincón conforman una parte esencial del relato de Madrid, porque reflejan cómo ha cambiado la ciudad durante los últimos ciento cincuenta años. Podemos decir que Goya sigue manteniendo ese equilibrio entre historia, vida urbana y atract ivo residencial que la ha convertido en una de las calles más emblemáticas de la capital.

¿SABÍAS QUÉ…?
Muy cerca de la calle Goya existió una enorme pista de hielo donde los madrileños podían patinar. Aquel edificio, inaugurado en 1922, acabaría transformándose primero en plaza de toros, después en pabellón deportivo (el Palacio de los Deportes) y finalmente en lo que hoy conocemos como el Movistar Arena.
Imagen 02: archivo de Luis Lladó






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